miércoles, 14 de mayo de 2014

Noche de cielo.

No tenía por costumbre ser feliz hasta que lo conoció, y es que tenía por costumbre irse por las ramas, esas que asomaban a su ventana cada mañana. Mañanas llenas de soles ocultos entre nubes y grisáceas sensaciones, esas que le hacían mirar al cielo. Cielo que quería alcanzar con las manos, porque siempre soñaba despierta con estrellas encendidas, esas que le iluminaban la vida, que le deban color a sus ojos. Ojos que la enamoraban y contemplaban desde la oscuridad de la esperanza, esa que cada día daba por perdida por no poder estar a la altura del resto de su mundo. Mundo que la dejaba cada vez más de lado, porque no la consideraban "cuerda".
Pero, ¡ay!Pequeña, dulce y maravillosa imperfección.¡Bendito don esta, nuestra locura!

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