Siempre se castigaba inconscientemente cuando su alma mentía, su cabeza la traicionaba o su corazón no latía con suficiente vivacidad...Siempre se lastimaba su sonrisa con las lágrimas propias de las niñas malas que son reprendidas por alguna travesura. Pero ella ya no era una niña, ni había cometido una travesura, pues no consideraba la fantasía como una mala locura, ni la buena poesía como una mala acción, y pensó, libre, que su corazón reaccionaría ante los mismos ojos que el del resto de las niñas, pero no, ella jamás se dejó llevar por el resto y marcó en su vi su propio camino.
Dicen que jamás encontró el amor, ese hombre que la mantuviera y la hiciera feliz, que la hiciera mujer. Lo que esa gente no sabía es que para ella, ella misma era la única que podía otorgare ese poder, solo ella podía hacerse sentir mujer, solo ella podía hacerse feliz.
Y reescribió el libro que el destino le había marcado con las malas lenguas, dejando su mente libre, su cuerpo sano y su conciencia tranquila.
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