Manos inexpertas recorriendo sentimientos. Gemidos ahogados en bocas húmedas, labios abiertos. Espirales de locura y ritmos acelerados.
Vaivén de caderas despojadas de vergüenzas. Hablarse entre suspiros, en ese idioma mundial, que todos comprenden aun que nos neguemos a entender.
Tener alma de amante, venas cargadas de la nada que se escapa entre los besos desesperados. Caricias que responden a pelos de punta y escalofríos que amenazan fortalezas.
Inspiraciones que se mezclan en exhalaciones llenas de orgullo y sin prejuicios. Cabellos revueltos y aroma a pasión. Ganas de deshacerse entre la cama y el ritmo que aumenta. Una oleada de calor, tan intenso como el sol, tan fuerte como las ganas de seguir.
Calentarse el alma entre manos desconocidas, en besos expertos, en caricias bien medidas. Contener la locura de un escalofrío hasta que el cuerpo no pueda contener un gemido perdido entre otros, que no hacen más que aumentar.
Recortarse la silueta al caer la noche, como si nunca más volviese a ser la misma, como si en ese instante, todo se parara, como si por ese instante solo importase el roce del cuerpo. Como si por ese instante la única salida de realidad fuera el abrazo estrecho de corazón y mente.
Dibujar cuerpos con manos inexpertas, recorrer soles en noches de estrellas. Desgarrar espaldas con uñas y dientes. Desbocarse en bocas abiertas, en alientos húmedos, en labios tiernos.
Dejarse recorrer sentimientos entre manos inexpertas.
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