martes, 30 de septiembre de 2014

Bóveda de seda.

Hace ya tanto que no siento, que no se me acelera el pulso, que no miro con el deseo de saber, que pasa cada noche, cuando la luna ya no está. Hace tanto tiempo que no busco cielos claros, que no me encaramo a bóvedas estrelladas. Que no respiro perfumes embriagadores, que espero a solas que las agujas del reloj corran más rápido que mi corazón.

Olvidé, tanto tiempo tiempo atrás, lo que era querer ser querido, lo que era querer quererte, quererme. Sencillamente, quererme. Tanto tiempo atrás, que recuerdo, entre velos tupidos y ensombrecidos, los momentos de locura que hacía empañar los cristales.

Puertas del alma, cristales quebradizos, tornan ahora cada palabra, en el veneno que tiñe la piel, en el miedo que dilata las pupilas, que enciende los versos y apaga almas. Desolados momentos de alegría, que se quiebran como el cielo, que se hunden en un mar de congelados sueños, de heladas esperanzas.
¿Qué será la vida, sin amor? ¿Qué sería de ti, sin pasión? ¿Qué sería de mi, sin maldad? No nos quedaría nada que pudiéramos atesorar, o que no cubriéramos con velos de seda empapados. No tendríamos nada, que quisiéramos querer.

Olvida lo que olvidé y dejé atrás, que mis cielos pintan estrellas por cada palabra que escribí y dejé marcada en algún labio.
Escribe conmigo maneras de querer querernos, o quererte.
O quererme.

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