Esa sensación de no saber a que se corresponde, si a un beso mal dado o a una despedida premeditada. Ese rencor interno de no saber hacia dónde ir, nacer con los días o morir con el sol.
La mala gana de no estar ni en tu sitio, ni más allá...
o más acá.
La pesadez del tiempo arrancando sentimientos.
Ver, en los escaparates, todo ese amor comercial, tan incondicional como falso. Y eso que, echamos de menos besar unos labios, de vez en cuando. O abrazar, de una manera tan íntima que nos den escalofríos. Somos como esas cadenas de montajes, donde todo queda medido y pesado, donde todo es igual que su antecesor o precedente. Somos productos reciclados de cadenas de montaje, mientras que, la vida, sigue moviendo y dando calor a nuestros engranajes, a veces incluso, es capaz de abrasarnos, oxidarnos, chamuscarnos, o helarnos por completo como a ella le plazca.
Somos aquello que nos dictan.
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