Mi nombre no se oye, no resuena en los rincones de ningún lugar. Ninguna sinfonía está escrita inspirada en mi cuerpo o alma.
No aplauden manos ajenas mis logros o proezas, ni lloran mis errores.
No soy nada. Ni eco ni viento. Ni quiero ser sol, ni luna. No me guían las estrellas ni las nubes. no dejo un rastro de flores amarillas, ni de amapolas. Sueño como mente, pienso como hombre, como plaga. Un insecto, un parásito de mi misma.
No, no me llevan en alzas, no me llorarán excelentes personas. Pues ellos serán lo que yo quiera quesean, un reflejo de aquello que anhelo o busco en un acompañante. No soy el hombre que conduce el viento, ni las palabras que todos recordarán, no soy una mente grandiosa, pero ¿qué más queréis? Si yo solo soy la gran invención de mi persona, un roto sin tela que coser, un pasado con camino hacia el futuro. ¿Qué queréis, si soy lo que he querido, lo que nadie ha podido?
No tengo nombre ni apellidos, ni lugar de procedencia. Voy y vengo, como el mar, crezco y me hago diminuta, puedo albergar grandes tesoros o ser una gran traicionera.
No tengo bienes, ni verdades absolutas, solo ideas construidas, abstractos bocetos de pensamientos, como palacios de cristal en el aire.
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