lunes, 4 de agosto de 2014

Cielo y Edén.

Recorreme el cuerpo a besos, dibújame el contorno de tus miradas indiscretas. Viajemos al edén, subamos en olas de calor a cielos congelados, bajemos al infierno de los deseos y cometamos los mayores pecados, sernos fieles a nuestros instintos.
Lujuria, lo llaman, que sabrán los viajeros del cielo que nunca han sentido sus cuerpos mecidos entre olas y tormentas, que nunca han gritado a los cuatro vientos las locuras de una noche de desenfreno, que sabrán ellos.

Tú recorreme el cuerpo a besos, de esos que resbalan hacia mis puntos flacos, de esos que no se pueden controlar, desvisteme mirada a mirada, trazo a trazo, y recoge los pedacitos que se deshagan entre tu almohada de mi.
Que la luna nos mire y corra a esconderse las vergüenzas, que nos provoque mil soles que quieran secar nuestro sudor, que nos derritan entre caricias, que nos ahoguen cuando no podemos ni girtar, cuando subimos a uno de esos cielos, tan distintos y a la vez tan parecido. Que puta la noche que siempre se corre en contra nuestra.

Tú báñate en mi, que nos sobran fuerzas para seguir, que entre suspiros se entiende la gente y a gemidos podemos tu y yo.
Pero, desvsitete despacio.

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