lunes, 4 de agosto de 2014

Ella y un espejo.

Ver esos ojos que viven solos, enmarcados en negro. Ese que le tinta la piel a trazos regulares. Esos que le salen del alma.
Ese pelo lleno de llamas que le sirve de protección ante las miradas, ese que ondea y te ofrece una mejor visión de su imperfecta cara.
Esos labios, que más que puertas son portones a su corazón, que sonríe y el mundo entero se llena de la luz que ella quiera, esa boca tan fina y perfeccionada, y a pesar de que no habla, grita deseos cada noche.
Sus manos, tan livianas y sutiles como dos esponjas, como dos matojos de algodón. Esas que son capaces de trazar el recorrido de un corazón. Esas que podrían curar las heridas más profundas del alma sin apenas tocar el umbral de dolor. Esas que trazan mis palabras, esas que saben, más que nada, la verdad.
Ella. Tan fuerte y valiente, tan sutil y liviana, Ella. Tan soñada y soñadora, tan cercana y distinta.
Ella. Que describe entre palabras de enamorados, que no necesita que la quieran.
Ella, que siempre seguirá siendo mi reflejo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario