sábado, 11 de octubre de 2014

Relatos. Microcuentos III.

* Habían vuelto las pesadillas, los rincones oscuros y las malas caricias. Había vuelto a perderse entre tanto y nada. Había oído los gritos, de las voces que reinaban en el silencio. Se había hecho un hueco en el alma donde solía arañarle el amor.
Despertaba cada mañana en la pesadilla que le perseguía de día, incluso cuando la luz le iluminaba esas partes que la oscuridad resguardaba con tanto ímpetu y pasión.

Habían vuelto sus pesadillas, y ya no le cabían en el cajón de la ignorancia, lo habían llenado de todo lo que ya no quería recordar, de todo lo que la luz había querido borrar, todo eso que quería hacer desaparecer, y la perseguía cada mañana.

Metió todos los miedos en un cajón que no cerraba, en el tercero de la cómoda de su derrumbada habitación. Incluso conservando aquel olor que la mantenía atontada. 



*Comprendió que no podía vivir sin alma, cuando ya había firmado con el Diablo, quién se rió de él y le dijo que se llevaría todo lo que le importaba de ella y sus recuerdos. Le dijo, entre resoplidos de carcajadas, que se iría con el día y jamás encontraría el lugar en el que escondió su alma, poniendo en peligro, su frágil mortalidad.



*Viento derramándose entre los huecos que formaban sus manos, intentando mantener el calor del corazón que le habían entregado, intentando no dañárlo, intentando que siguiera bombeando, intentando que el frío y el viento traicionero, que acechaba con colarse entre los huecos de las manos que lo protegían, no lo congelase del todo y tiñera de hilo y azules lo que pintaba la nieve de cálida rojez primaveral. 

Las manos que lo cuidaban y guardaban apretaban cada vez más su prisión. El corazón, frágil y despojado de cuerpo, no entendía porque había sido arrojado a aquella cueva que hacía que poco a poco fuera perdiendo el calor y tiñera con rapidez su rojizo primaveral en un hielo desolador. Gritaba en ayuda y aceleraba el ritmo. Las manos lo frotaban y apretaban.

Dejó caer el corazón a la nieve, miró sus manos pintabas de ese rojo tan primaveral y vivaz, y el corazón a sus pies, bajo la nieve, camuflando sus restos con aquella blancura tan pura que lo rodeaba.



*Vivía entre los sueños que amarraban el pasado, los suspiros que contradecían lo que quería en el futuro, las palabras que desesperaban los sueños que buscaban caricias desbocadas. Antojos de amor y vestigios de pereza. Le gustaba pensar que nada sería real una vez despertara de aquel mal augurio que en su vida volvió a ver. Le había gustado pensar que moriría entre las flores y los vientos que llevaban su nombre pintados en el rastro. "Muramos, estrellas, cuando nazca el sol".




*Sentía la liberación del cuerpo, mientras la mente se ataba más cadenas contra su voluntad. Siempre contra su voluntad.
Le seguían de cerca los temores del pasado, pero corría más rápido y la lluvia limpiaba su alma.
"Ponte otra cadena. Aprieta contra todo para que nada pueda salir". El corazón le gritaba alterado, lo que parecía una amenaza entre cantos de locura. Como un latido incesante que arrancaba cada entraña y despegaba cada caricia.
"Encierra esa maldición y entierra los restos del recuerdo que quemó el olvido hasta hacerlo presente".

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