Te dejo en mis palabras los besos pintados que nunca me darás. Te dejo entre los versos de algún poema, de esos que nunca escribiré, los recuerdos que queríamos formar. Presto mis letras, hundidas, moradas ya medio camino del sueño eterno, la confianza que jamás quisimos tener. Te dejo la paz, el viento, el sol y la esperanza que siempre quisiste. Me llevo la tormenta de mi genio, las nubes que encapotaban nuestro cielo, me lo llevo todo, todo lo que me querías. Te deja en esos brazos que conocías mejor que los míos, te dejo en ese cuerpo que recorrerás más que el mío.
He dejado todo lo que querías, todo lo que importaba, todo lo que yo nunca quise, te lo he dejado, como olvidado, en el cajón que abrirás cada mañana, ese que dejamos tan vacío que jamás lo pudimos volver a cerrar. He dejado las palabras, que fluyen entre los besos que resbalaban de mis labios, que recorrerían el camino hacia el olvido, y como gotas, se deslizaban hacia el papel. Recorrían cada letra con el sentimiento que le correspondía. Incluso ese beso amargo, ese de despedida, se volvió suave al pasearse por entre los restos de lo que te he dejado.
He regado los poemas, para ver si los besos pintados florecían en nuevos sentimientos. He trasplantado la confianza, para que pueda crecer mejor.
Quiero que sigas maquillando ese dolor, que me digas que esos besos que se pintan, esos que ya me comienzan a escasear en los recuerdos, esos, serán para mi.
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