*Dormir, de puro cansancio, de dolor de cabeza, de agotamiento después de haber desatado los mares tras los ojos. De haber inundado el destino con las huellas del pasado. De haber querido y perdido, de acumular la rabia que ya no llena, porque sabes que las cosas que dañan, las que hieren, las que piensas o dices, por mas que hagas o digas, siempre van a estar ahí, siempre están en ese rinconcito lastimero. Esa parte que sabe y se arrepiente de lo que el orgullo hace. Esa parte que se encarga de consolar el corazón cuando ha intentado suicidarse por enésima vez. Cuando las cicatrices le recorren el cuerpo, por donde antaño solían hacerlo sus manos. Tan sanadoras y frescas.
*Calmado corazón, amar el cielo constelado y limpio, correr en cunas de naturaleza. Vívida alma de hierro, acero pulido sobre el que pintar versos y amaneceres, donde queda guardado el olvido y se atesora el recuerdo.
Sabor a metal en los besos que recorren el cuerpo, cintura a bajo. Ritmo suave. Caricias que remueven las miradas perdidas que saben al cielo. Con gritos ahogados entre nombres que se olvidan.
Recordar. Recordar aquellas tardes, esas noches de sonrisas prensadas en los labios, sellos de verdad, marcas de confianza.
*Mirarse las cicatrices entre el pasado y la discordia de un futuro sin precedentes en amor. Como si nunca hubiera existido. Como si todo volase en el cielo abierto que clama por la libertad de toda alma.
¿Dónde han ido todos esos grandes momentos? Aquellos que nunca tuvimos el valor de vivir, por miedo a que luego no quedara nada, por miedo a que la poca confianza que nos quedaba se acabara consumiendo en los brazos de otros. ¿Qué tenemos ahora, sino el miedo? Miedo que crece y trepa entre los restos de la incertidumbre que atenaza las entrañas y despelleja el corazón. Miedo que nos destruyó y nos acabó rompiendo en mil pedazos. En mil constelaciones repartidas por el firmamento que otros ojos verían.
*Tal vez horizontes más amplios esperan, quizá los brazos que nos resguarden del frío sean más amplios, más suaves. Puede que, en otro amanecer de cielos apagados y gritos encendidos, con otros ojos que nos iluminen las estrellas, que nos cubran las marcas que nos hicimos solo por intentar querernos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario