miércoles, 14 de enero de 2015

Que canten.

La primera película que consiga hacerme reír, llorar, o sentir. Una historia basada en esos versos que el hombre nunca comprendió, un relato de dos almas destinadas a estar en la infinidad por siempre, juntas y que la vida, caprichosa como era, los había destinado a cada uno a un confín de la Tierra. Condenados a vagar solos el uno en busca del otro.

Cansados de caminar. Terminar con el juego de la vida, y en la inmensa soledad que debiera ser la muerte, hallarse. Envolverse en un abrazo, fundirse y hacerse uno, ascender al cielo y dibujar amaneceres de cálidas caricias.

La primera canción que me haga llorar, reír o sentir. Una sinfonía escrita a ritmo de corazón, una sonata que acelere el paso, que hinche los pulmones de verdad y sirva como protección contra todo lo que araña las capas. Que cante una dulce y profunda las notas escritas con esmero. Que haberse sobre ideales y bellezas, que narre un sueño o una realidad. Que hablen las notas por si solas, que vivan.

Arremetiendo contra sentimientos, encontrar los vacíos que el mundo ha hecho en el alma y llenarlos de color y pureza. Que sirvan de alimento para aquellos corazones irreparables y desenfrenados por querer amar y querer seguir luchando. Por querer intentarlo y lograrlo.
Por querer.

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